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Resumen del libro “CAPITÀ DE LA TEVA VIDA” de LLuís Pastor. Las empresas, con el fin de marcar un rumbo o de seguir una dirección, desarrollan planes estratégicos a tres, cuatro o cinco años. Lo altos directivos de grandes, pequeñas o medianas empresas, generalmente una vez al año, se reúnen para definir las líneas estratégicas en las que definirán sus planes de acción...

 

EL PLAN ESTRATÉGICO EMPRESARIAL Y PERSONAL 

Las empresas, con el fin de marcar un rumbo o de seguir una dirección, desarrollan planes estratégicos a tres, cuatro o cinco años. Lo altos directivos de grandes, pequeñas o medianas empresas, generalmente una vez al año, se reúnen para definir las líneas estratégicas en las que definirán sus planes de acción. De esta manera, la alta dirección siempre tiene un punto donde fijarse y que año a año se va modificando para trazar la línea a seguir. 

En este sentido, el autor, con experiencia en empresas donde ha sido miembro de la alta dirección, y que ha sido testigo de la creación de dichos planes estratégicos, propone una cuestión: si tan eficaces son los planes estratégicos desde el punto de vista empresarial, ¿por qué no puede utilizarse esté método para la vida personal? 

Las empresas hacen planes estratégicos para conseguir eso que deciden y para llegar a donde sueñan estar. En este sentido, lo primero que se preguntan es dónde quiero llegar para seguidamente analizar la manera de conseguirlo. La ventaja de hacer planes estratégicos es que te obliga a reflexionar a un nivel más profundo de lo que se trabaja diariamente, porque te obliga a trabajar en aquello que deseas. Así pues, pone en evidencia que las cosas que deseas no vienen aleatoriamente, sino que requieren tu actuación para conseguirlas. Asimismo, un plan estratégico también requiere una revisión de los pasos que se han seguido y los resultados que se han obtenido. 

Por esa razón, el no llegar al objetivo planteado, no quiere decir que hayamos errado en el camino, lo importante es identificar que el camino elegido ha sido adecuado. Y, teniendo en cuenta de que dichos planes se van revisando con los años, puede darse el caso de que el objetivo planteado inicialmente haya cambiado. No obstante, hay que destacar que en ocasiones aparecen elementos limitadores que dificultan la realización del plan. Cuando suceda el caso de que existen elementos limitadores que superan incluso los propósitos, lo mas sensato sería redefinir los objetivos. 

En ese caso, hay que tener el coraje para modificarlo y seguir el camino adecuado. Un plan estratégico no te asegura el cumplimiento del sueño planteado, pero sí que te ayuda a seguir la ruta para alcanzarlo. 

Lo más importante a la hora de hacer un plan estratégico es tener ilusión para realizar los sueños, no tener miedo a los cambio que provoca en tus vidas y tener muchas ganas de trabajar para conseguir ese sueño. 

Sobre todo, no hay que tener miedo. Y es que la primera fase a la hora de construir el plan estratégico es plantearse preguntas, que más tarde se irán respondiendo. Porque las preguntas inquietan porque proporcionan inestabilidad, mientras que las respuestas proporcionan seguridad. Sinembargo, es importante generar inquietudes para edificar los cimientos que nos permitirán conseguir nuestros objetivos. 

Al igual que en las empresas se responde a cuestiones como misión; visión; valores y objetivos, en los planes estratégicos personales se responde a preguntas como: qué queremos hacer en la vida; cómo nos vemos de aquí a cinco años, qué haremos, cómo seremos, qué vida queremos vivir; cuál será nuestro estilo de vida; y, por último, qué acciones vamos a llevar a cabo. 

 

EL MÉTODO 

El autor muestra los pasos que va siguiendo para definir su plan estratégico a cuatro años. Al igual que las empresas, sigue el planteamiento inicial definiendo la misión (el qué), la visión (hacia dónde) y los valores (el cómo), para después definir los ejes estratégicos y los objetivos. 

En primer lugar define la misión, es decir, aquello que quiere conseguir, y que permite saber qué queremos hacer y qué sentido damos a nuestra vida. 

Una vez definida, pasa a concretar la visión, aquello que nos hace imaginarnos cómo seremos de aquí a unos años, una visualización del futuro: trabajo, familia, aficiones, proyectos, uno mismo. Es decir, aquello que te hará feliz. El tercer punto clave son los valores, aquellos rasgos que nos caracterizan como persona para conseguir la misión. 

Una vez aclarados los conceptos de misión, visión y valores, da paso a la definición de los ejes estratégicos: trabajo, familia y cuestiones personales (aficiones, deporte, tiempo libre). Esto deberá permitir concretar y hacer tangible la misión. De estos ejes estratégicos saldrán los objetivos que nos marcaremos en el futuro. Esto supone un análisis profundo de lo que se llama DAFO, esto es, de las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades que se desprenden de cada eje. Se trata de hacer un análisis interno, de aquello que depende de nosotros: debilidades y fortalezas; y un análisis externo, de aquellos factores del entorno que no podemos controlar: amenazas y oportunidades. Lo que hace el autor es dividir un papel en partes, empezando para cada análisis con la pregunta ¿qué he de hacer?, lo que nos permitirá detectar los objetivos. Además, el autor le da importancia a lo que se denominan grupos de interés, esto es, aquellas personas que para bien o para mal, nos pueden ayudar o perjudicar en la consecución de dichos objetivos. Por otro lado, existen factores críticos, que el autor describe como aquellos factores sobre los que no tenemos incidencia directa pero que tenemos que tenerlos en cuenta. 

Asimismo, para conseguir los objetivos planteados, el autor decide distinguir entre objetivos estratégicos, que son los objetivos más genéricos, y objetivos operativos, que son objetivos más concretos. Una vez planteados estos dos tipos de objetivos, es momento de plantear las acciones que permitirán conseguir los objetivos operativos. Dado que se pueden plantear numerosos planes de acción, una vez planteados, el autor los categoriza en orden de importancia, según sea importante, urgente y posible. De esta manera, prioriza qué acciones deben ir primero, sobre todo porque algunas acciones penden de otras. Suele ser normal que en los primeros semestres en inclusos años del plan estratégico surjan más acciones y que para la parte final del plan no surjan muchas, pero conforme se vayan cumpliendo los primeros objetivos operativos irán surgiendo nuevos objetivos operativos que darán lugar a nuevas acciones. Y todo ello para cumplir en el tiempo previsto la misión. 

Una de las estrategias que permiten hacer el seguimiento del cumplimiento de los objetivos operativos y, por consiguiente, estar más cerca de la misión, es agrupar las acciones en semestres. De esta manera se puede hacer una revisión o seguimiento cada medio año y analizar su evolución. 

Anualmente se realiza una revisión porque con el paso del tiempo se van produciendo cambios, lo cual nos puede hacer reorientar la estrategia para adaptarse a las nuevas realidades. El seguimiento anual permite detectar cuando es hora de dar por cerrado el actual plan estratégico y plantear la configuración de uno nuevo. Ello no quiere decir que se hayan conseguido todos los objetivos planteados, sino que aquel plan no resulta útil porque los objetivos han cambiado. 

Por último, es muy importante e imprescindible tener el plan estratégico por escrito. Esto es: la misión, la visión, los valores, los grupos de interés, los factores críticos y los objetivos (los estratégicos, los operativos y las acciones). Es una cuestión de compromiso contigo mismo, porque creas este plan estratégico porque tienes una misión que quieres conseguir y por esa razón estás dispuesto a luchar por ello. 

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